Por Sonia Jaroslavsky
Un encuentro con la actriz María Figueras antes de su viaje a Francia que con Los hijos se han dormido de Daniel Veronese se presentarán en el Festival de Otoño de París.
María Figueras, una vez más encarna los personajes de Chejov. En Los hijos se han dormido de Daniel Veronese, versión de La Gaviota de Chejov, es Nina Sarechnaia.
“Los textos de Chejov son muy opinados. Pareciera que todos saben cómo se hace a Chejov. Es lógico que suceda esto porque son materiales que se utilizan mucho en los talleres de teatro, son grandes clásicos. De hecho, en las clases de Juan Carlos Gené o Augusto Fernández he tenido el placer de hacer estos textos. Creo que La Gaviota siempre fue el más complejo de los textos en la dramaturgia de Chejov. Es una obra que tiene muchas capas y que hay que saber cómo develarlas, es una obra muy frágil: es como que una vez que lográs asirla se te va, y cuando volvés a empezar y la tenés ahí, se te vuelve a ir. Tal vez suceda que pase esto porque habla de la creación y del misterio de la creación, y de nuestra jerga teatral: de lo qué es el éxito, de la mirada del otro, si el otro te define o no…También habla de la frustración, de la creación, de la aprobación. Creo que en La Gaviota están todos los fantasmas del autor ruso ahí metidos: la mujer de él que también era actriz, el hijo que ellos perdieron. La Gaviota, en el proceso de ensayos me hizo preguntarme mucho sobre la profesión, sobre el deseo de actuar, qué es ser un artista.
-El personaje de Nina está en un momento que está por definir su vocación…
M.F.: Creo que si Trigorin no hubiera llegado a esa finca no sé si Nina se hubiera animado a dar ese salto hacia la actuación. Lo que sucede es que se enamora de él, se enamora de todo lo que tiene que ver con él, incluso sus obras, su teatro, todo. Se enamora de un tipo que dice que no le gustan sus obras. Ella es muy chica y se obnubila con la idea del escritor con sus fantasmas en constante conflicto. Gracias a Trigorin se apodera de ella una especie de destape intelectual. Se enamora de él y de todo lo que él representa y de lo que se imagina de ella al lado de una persona como él, todo eso la entusiasma. Al final de la obra, su único consuelo va a ser aquella vocación, la actuación, para seguir viviendo, a pesar del dolor. Pero no hay que engañarse con Nina: ella no quiere ser sólo una actriz reconocida sino que en el fondo está en una búsqueda, quiere bucear más allá. Es maravilloso todo lo que ella dice y justo en estos tiempos, donde pareciera que todo es mediático y sino sos mirado no existís, que es el gran problema del actor. Me parece que pone de relieve la creatividad del actor y la necesidad de la mirada, del público, no por el éxito sino como parte constitutiva del teatro: con el otro. Ella está en una búsqueda estética, de sentimientos y lo pone en práctica. Es un personaje impresionante porque es la heroína y tiene un final muy difícil porque no se tiene que victimizar, no tiene que sufrir de más porque ya sufrió, ya está curtida, y vuelve a la finca porque tiene que cerrar una historia para seguir después con su vida. Son bastante fantasmales los personajes. Es el devenir de un sueño, con las emociones a flor de piel y todo muy condensado, como me dijo una vez un amigo.
-¿Cómo es trabajar con los mismos compañeros actores en tantas obras?
M.F.: Me encanta. Con Osmar Nuñez ya hemos sido amantes, pareja, tío y sobrina, hemos sido de todo. Nos miramos a los ojos y ya sabemos todo del otro. Es muy placentero porque podés descansar en tus compañeros y compañeras y viceversa. Con Carlos Portaluppi y Ana Garibaldi también, pero en esta obra no nos toca interactuar tanto. Es muy lindo verlos también en escena en otro personaje porque descubrir otras faceta actoral no pensaste que tenían. Además, no hay ningún tipo de divismo porque hay una idea coral del trabajo de los actores en la puesta, todo es muy de equipo.
- Me contaste al pasar que querías comenzar a dirigir. ¿Cómo es eso?
M.F.: Sí, tengo ganas de empezar a dirigir. Es una de las cosas que tengo ganas de hacer. Me estoy juntando con un grupo de actrices y bailarinas y estamos investigando sobre hechos de violencia, de violencia cotidiana y cómo eso repercute en las mujeres y en la familia. Pensar en los hechos concretos de violencia cotidiana e ir más allá de las palabras. Es por eso que seguramente abordemos este trabajo desde un lenguaje corporal, de danza-teatro.


0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada