Por Barbara Schtirbu
Con mucho trabajo, escribiendo un guión, preparando nuevas obras y reestrenando otras, Lautaro Vilo necesita cafeína. A sus 34 años dice que su trabajo como dramaturgo evoluciona hacia la búsqueda de un texto más musical, que suene bien, búsqueda compleja a la que poco a poco va acercándose con cada obra nueva.
Caballito, 15:10, sábado a la tarde.
“Pará, acá había un bar”, me dice sorprendido de no encontrarlo en esa esquina, como si alguien se lo hubiese llevado sin avisar. El bar seguía en el mismo lugar, claro, sólo que una cuadra más allá, frente al Parque Rivadavia. Bastante concurrido, pero con algunas mesas todavía desocupadas. Lo dejo decidir dónde quiere sentarse y esa libertad de elección lo entusiasma y al mismo tiempo lo inquieta. Elegir LA MESA se vuelve, de repente, una tarea importante.
Lautaro es generoso con la devolución de cada pregunta y enseguida uno siente que está aprovechándose de su conocimiento, llevándose más de lo que debería, aprendiendo más de lo que esperaba.
¿Qué te conmueve hoy?
La ternura de los padres con los hijos. Eso es algo que a uno le empieza a conmover con la adultez. En todo caso, cuando los de tu generación empiezan a tener hijos. Y entonces hay una serie de relatos en relación a la ternura que me conmueven mucho más.
¿Qué sería un relato en relación a la ternura?
Estoy buscando otras resonancias, mitificar sobre otras sensaciones humanas. Me da mucho pudor hablar de estas cosas porque es muy intuitivo. Pero a veces, construyendo un relato, uno encuentra que el relato habla más allá de lo que uno buscaba o del lugar al que uno creía que iba a llegar. Me pasó con LA GRACIA, que supuso para mí encontrar otro tipo de relato, más niveles de resonancia poética que a mí me interesan, una obra sórdida y muy religiosa. Creo que de alguna manera lo que se está agudizando quizá es esta posibilidad de detectar paradojas. Situaciones que son más insalvables porque como permanecen en su contradicción son más inquietantes. Yo descubro que en cierta parte de mis primeras escrituras hay un trabajo y un interés sobre una zona de la violencia en las relaciones que es una zona que he transitado poéticamente, me encanta, me llama mucho la atención. De hecho pienso que es fundante de lo teatral y eso ahora se está desplazando hacia otros tipos de situaciones posibles y estoy buscando o prestándole atención a otros tipos de autores a otro tipo de películas.
“Los grandes autores suenan bien.”
La música también es una cosa que me está conmoviendo cada vez más. Estoy estudiando, tomo clases. Creo que el refugio de la poesía son las letras de las canciones. No puedo acometer la lectura de un libro de poesía. No me sale, no tengo la generosidad del lector de ir completando todos esos momentos, pero sí me pasa que la poesía que más me ha conmovido es la poesía que escucho en canciones.
El otro día leí una entrevista al líder de los Kinks: -“la canción es un elemento artístico impresionante”, -decía. Coincido con eso. Muchas veces es una historia y una sensación sobre esa historia en 3 minutos, que conmueve, eso es muy maravilloso. Es un terreno que a mí me interesa explorar, cómo poder imbricar lo que sucede en el teatro con algo del orden de lo musical sin hacer teatro musical, lo que se presenta en la cartelera hoy como teatro musical. En mis textos está la búsqueda, que los textos tengan una sonoridad muy elocuente, que haya un ejercicio sobre eso, las formas del decir, los sonidos. Los grandes autores suenan bien. Escuchás un texto de Discépolo y la lectura suena perfecta, hay un sonido, de época y en ese sentido a mí me interesa trabajar ese aspecto, entrecruzar esos elementos. Porque aparte, me parece que la música tiene una inmediatez que es alucinante y ahí volvemos al tema de Conmover, la música es inevitable, uno no puede evitarla sensorialmente. Si una música es mala, es una molestia. Yo, al menos. Nunca entendí a la gente que dice “Yo pongo la radio”, cuando le preguntás qué música les gusta. Ese tipo de gente me parece despreciable, me parecen MUTILADOS EMOCIONALES.
Hay una banda que se llama Tool, que tiene una canción que habla de la sombra* que es increíble y que últimamente escucho y vuelvo a escuchar.
*Estuve gateando en mi barriga,
aclarando qué pudo haber sido.
Estuve revolcándome en mis propias confusas
e inseguras ilusiones
Por una pieza para contradecirme,
o una palabra para dirigirme dentro.
Quiero sentir los cambios viniendo.
Quiero saber en qué me he estado escondiendo.
(Fragmento de “46&2”. Tool)
¿Convivís bien con vos mismo?
(Se ríe) Sí, creo que sí. Es decir, llevar adelante lo que llevo adelante, conservar las inquietudes y poder desarrollarlas es una bendición. Soy muy agradecido de lo que me ha pasado, de la generosidad que han tenido conmigo, de lo que me ha deparado la vida, qué se yo. Yo empecé a dar clases de Dramaturgia porque me lo ofrecieron. Tenía otras ideas, iba a ser actor y nada más... y la vida te va llevando. Encontrás otras zonas y otras proposiciones. SI VOS TE ANIMÁS, YO ME ANIMO. Cuando fue lo de rey Lear, Rubén* sabía que yo sabía inglés y entonces me propuso traducir Lear.
Ya que mencionaste tu trabajo con Lear…Para mí fue todo un momento compartir la versión con Rubén, poder ver cómo él pensaba la escena, el intercambio de ideas. Siempre hay algo que para mí es muy valioso. Es uno de los pocos directores que tiene un conocimiento profundo de cómo funciona un texto como materia y que es muy cuidadoso de eso. “El traductor es un pica piedra literario” (sonríe encantado de su nueva frase y la repite) “El traductor es un pica piedra literario total. Traducir una obra del texto original te hace comprender muy profundamente el material en relación de los movimientos. Incluso en una obra imperfecta como Lear que es una obra construida a hachazos. Pero incluso siendo así, estás en contacto con las palabras y con el trabajo de pasar las palabras a una efectividad posible acá.
Cuando me encuentro con el texto de Shakespeare, me encontraba con un texto que tiene una poesía muy asible. Los momentos líricos en Shakespeare no son momentos rebuscados, aparecen de una manera natural. Lo que tratábamos de laburar en Lear es con el presupuesto que esto tiene que gustarle a mucha gente. Pensar cuál es la distancia óptima que necesita la traducción. Tiene que sonar muy cercana y a la vez tiene que sonar distante porque no tiene que parecer que Shakespeare está en Rodriguez Peña y Corrientes, entonces el tema era encontrar en eso y en la sucesión de las frases, encontrar el punto y ese es un laburo que a mí me divierte mucho. En realidad uno siempre hace una versión.
¿Sobre qué giran tus obras? ¿Hay un tema que se repite?
Creo que me equivoco si digo de qué tratan mis obras. En realidad, más que un tema, yo creo que las obras conviven muchos temas y que quizás lo que se puede repetir es un tono, o algunas imágenes con cierto parentezco. En varias de mis obras hay hechos truculentos. Me gusta leer sobre un asesinato, me hace gracia. Pero lo que a mi realmente me interesa es que las obras tengan una cantidad lo más grande posible de circunstancias a imaginar. En Un acto de comunión, lo que me gustaba era la historia. Un tipo se cita con otro por Internet, es un caníbal declarado y se ofrece para que se lo coma. Ya está, eso para mí ya es un mito en potencia. A mí me parece que ahí hay algo que “guau”, “amazing, amazing stories”. Después aparecen otras niveles en la historia, en el relato. “Un acto de comunión” no trataba sobre el canibalismo, o solamente sobre el canibalismo. Yo creo que hablaba sobre la soledad y sobre varias cosas más.
¿Y ahora?
Ahora estamos en El Kafka con “23.344”, todos los viernes a las 21 hs. Es una obra que escribí hace mucho tiempo. Estoy contento con el proceso y con el material que surgió, aparecieron muchas inquietudes en relación a procedimientos teatrales. En realidad yo la escribí en relación al tabaco y al grupo de amigos y cuando decidí ponerla en escena encontramos en la esgrima una plataforma de situación que conectaba estos monólogos. Vamos los viernes a las 21 en el Espacio Teatral ElKafka. Y para fin de año voy a estrenar en México un trabajo que se va a llamar Escandinavia y en el que actúa Rubén Szuchmacher.
A los que quieran contactar a Lautaro por sus obras o talleres, lo encuentran en www.tallerdramaturgia.blogspot.comFoto: Antú Fernández

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